Con
permiso de la pólvora, no existe en el mundo nada más explosivo que
la mente humana. Energía contenida en una larga mecha esperando a ser
prendida por algo, por alguien, por el ahora. Tremenda luz
cegadora para casi todos, ¿dónde habré dejado mis gafas de sol?
La explosión no se atenúa, no desaparece, no se puede
esconder por demasiado tiempo. O me niego a que sea así. Allá
revienten los prejuicios, allá exploten los miedos, allá vuelen en
mil pedazos los mañana. Que, hoy, tan sólo me sentaré y disfrutaré como si de fuegos artificiales se tratase. Pasadme las
gafas de sol y quedaos en vuestras casas, no vaya a ser que os alcance
la onda expansiva. Energía puesta en libertad, explosiones
alcanzando su plenitud de belleza. Con permiso de la pólvora, no
existe ni existirá en el mundo nada más explosivo que la mente
humana.
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