viernes, 26 de enero de 2018

Lecturas anónimas

A veces conozco a personas que inspiran personajes. Unas veces, esa risa en grupo que por separado se acobardaría o esa pequeña y sutil humedad en el párpado de quien está bien, no le pasa nada e incluso ha tenido un día de lo más normal. Otras, el panadero que me da los buenos días pese a que no le compro nada desde hace semanas o esa persona que sencillamente cobra por sonreír. O los desconocidos. No importa si es en el transporte público, en la sala de espera o en lo alto de una montaña. Los desconocidos son un tesoro para la imaginación, páginas en blanco en las que se puede garabatear e inventar lo que uno quiera, pues jamás van a quejarse. Tú serás el tipo serio y misterioso, cuyos silencios dicen mucho más que sus palabras. Tú serás el loco asesino, encantador y siempre sonriente, desde luego. Tú serás esa chica que en realidad ha venido de Júpiter disfrazada de humana para planear la invasión. Y tú, tú que me estás mirando sin motivo alguno, serás el punto de partida de toda esta locura.

Las miradas cuentan historias, cuando se quieren escuchar.

Pero, ¿qué sucede contigo? ¿Por qué no logro escribir a un sólo personaje que se adecúe a tu forma de mirar? Tal vez sea una gran vanidad querer crear lo que ya existe. Tal vez estás buscando en mí lo mismo que yo en ti, creando esta paradoja ficcional, sin saber quién de los dos es más loco. ¿Será el mundo real tan bueno como el imaginado? A veces conozco a personas que inspiran personajes. Que componen historias. Y otras veces conozco a personas que me escriben a mí.

Hay miradas que merecen ser leídas de principio a fin.

No hay comentarios:

Publicar un comentario