miércoles, 17 de enero de 2018

Velocidad

Con el billete aún sobresaliendo del bolsillo trasero de su pantalón, Xescoli fue a sentarse al lugar más cercano con vistas al exterior. Todo listo como un concierto a punto de empezar, se acomodó y se despidió de la realidad por unas horas.
Y aquella vez, como siempre, ocurrió. El mundo empezó a moverse en sentido contrario a las agujas del reloj, difuminándose, antojándose sus formas más imperceptibles a cada metro. Un espectáculo que le hipnotizaba.


-Lo llaman velocidad- explicó alguien, con naturalidad.

Claro, ya entiendo, también debe de ser velocidad lo que le sucede al mundo cuando reímos y somos más felices, pensó Xescoli. Los demás pasajeros del tren pudieron haberse preguntado quién era aquel sonriente individuo que tan sólo miraba por la ventanilla y escribía. Una vez finalizado el intercambio de mundos, Xescoli guardó el cuaderno y bajó. Allí estaba, ambos habían estado esperándose. El resto del mundo dejó de ser importante y pudo distinguirla con claridad: era Velocidad.

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