-No quiero que llegue mañana, por eso he decidido no dormir esta noche.
Se vistió y salió a hacer
todas esas cosas que durante el día no se atrevía. Despertó a la chica que tanto le gustaba, se
peleó con quien tenía ganas de pelear, hizo los amigos que siempre había
deseado tener y se divirtió como hacía casi una vida entera que no se divertía.
Al empezar a salir el sol decidió que no podía hacer nada frente a la
inexorable llegada del mañana, con lo cual volvió a su casa y se fue a dormir.
Unos cinco minutos después despertó con las energías renovadas y con esa
punzante melancolía que a veces nos da los buenos días, la melancolía de saber
que todo ha sido un sueño. Para paliarla, decidió que ya había hecho tantas
cosas que podía dedicarse a dormir el resto del día, sin remordimiento. Y ya
que estaba, por qué no, durmió el resto de la semana. Y del mes. Y se convirtió
en unas de las personas más exitosas del mundo onírico sin salir de su cama.
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